Las papas de Toto retan a la sequía

Marisa Díaz Armas y Ramón Torres Martín, el matrimonio que desde hace doce años planta papas en Toto, en el municipio de Pájara.

La mezcla del agua agrícola del CAAF con la procedente de la desaladora propia es la forma de ahuyentar tres años de sequía que practican Marisa Díaz Armas y Ramón Torres Martín, el matrimonio que desde hace doce años planta papas en Toto, en el municipio de Pájara.

No se enfrentan sólo a la falta de lluvias sino a una tierra que se va salinizando y a unas semillas que entran sin control a Canarias, trayendo virus y enfermedades que se quedan en el suelo.

Todo colabora para que el cultivo de papas haya bajado a 450 sacos que plantan de forma escalonada a lo largo del año y en gavias y tableros de Tetuy, Iscao y El Cortijo.

El matrimonio, que fundó el Grupo Agrícola Díaz y Torres en 2008, también cultiva tomates, calabacines y sandías, pero bajo invernadero. Nada que ver con la papa, a la que este año dedican tres hectáreas de terreno que forman el manto verde que rodea a Toto.

La cosecha, mermada por los tres años de sequía «y por que, cuando alcanza a llover, cae apenas una lágrima», la echan a dos supermercados, tiendas y fruterías, más particulares.

En noviembre empezaron a plantar los 450 sacos de papa de forma escalonada, de forma que aún les restan cien sacos. Las cuentas de Ramón Torres (Tesejerague, 1971) arrojan que cada quince días plantan 80 sacos.

Espunta, galáctica y picazo son las tres variedades de este año que riega cada tercer día y que darán una cosecha final de unos 120.000 kilos de papas.

Ramón Torres, en el cultivo de papas de Iscao, en Toto, donde plantó 80 sacos hace dos meses que recogerá en abril. (Courtesy: Acfi Press)

Ramón Torres, se agacha en el cultivo de Iscao y explica:

“Es año ruin por que no caído lluvia y porque el tiempo del este y el calor de las últimas semanas le hacen mucho daño a la papa.”

“A lo que hay que sumar el viento que entra por el barranco de Toto, da igual de donde sople, que azota la planta.”

“Y no se olvida de los serenos que ha habido muchos y que crea manchas negras en la mata, un hongo que la ataca de abajo hacia arriba y le entra hasta las hojas.”
La esperanza llegaría del cielo para las papas de Toto. A la sequía y la salinidad del terreno, el matrimonio suma el problema de las semillas. De los 450 sacos de este año, unos 120 llegaron con una enfermedad que Ramón llama la sarna. Ramón Torres:

“Es que si lloviera, lo agradecería la planta y así el agua echaría para un lado las sales de la tierra.”

“La lluvia riega y también endulza la tierra.”

“El control aduanero dejó pasar las semillas y sólo nos dimos cuenta cuando empezaron a salir las papas con unos puntos negros.”

“El problema lo cortaron de raíz, tirando papa y desechando la variedad en cuestión, pero, lamenta este agricultor, «la enfermedad se queda en la tierra y la lluvia no cae para endulzar la tierra. Si plantas y plantas en el mismo sitio cada año y no cae agua, es tierra muerta.”
Cuando llega Marisa Díaz Armas (Toto, 1971), muestra los estragos del sereno mañanero y el viento en las gavias de Pipo, bajo la carretera general que conduce a Pájara. 'Mira la mata, se nota que el viento le dio alguna sacudida'. Pero, más que Ramón, se queja del viento, 'del norte, del este, cualquiera le hace daño a la papa porque está al aire libre'.

En sacos y kilos de papas, pone cifras a las secuelas de los tres años de sequía en Fuerteventura. Normalmente, plantan unos 500 sacos, que dan unos 150.000 kilos de papas. Este año bajan a 450, que arrojan unos 120.000 kilos.

Marisa habla menos que Ramón, pero lo hace de forma más categórica.

Marisa Díaz Armas:

¿Qué si plantar papas da para escapar? Malamente. Rico no te vas a quedar, pero hoy hay que trabajar.”
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