Patatas en la puerta del garaje
Una clienta adquiere una bolsa de patatas vendida de forma directa por Ramón Doménech «Bandera». m. d.
Un agricultor de Campanar despacha los productos de su huerta en plena ciudad ante la imposibilidad de colocarlos en el mercado por los bajos precios ofertados por los intermediarios.

Ramón Doménech, agricultor de Campanar:

“Hemos conseguido venderlo ya casi todo. Pero al principio teníamos la cosecha a punto y sin posibilidad. Las cebollas las roturamos directamente.”
Ramón Doménech señala una montaña de cajas que hay apiladas en una esquina de su planta baja. La suya ha sido una campaña viralizada e insólita, pero que ha tenido éxito. En plena ciudad, y levantando una persiana en lo que podría ser un garaje, ha ido vendiendo las patatas de su campo a golpe de bolsa de cinco kilos.

Una venta a la antigua, que es habitual ver en los pueblos de la ciudad o en excepciones como la Tira de Comptar. En este caso es en pleno Campanar. Vale que aún asuman algunas casas unifamiliares antiguas (encierra el encanto del barrio-pueblo), pero el paisaje es el de casas de pisos.

Y en una de ellas, Ramón y su familia, al lado del comercios de frutas y verduras propio, despachan desde hace dos semanas las patatas que no han tenido comprador. No hace falta balanza: la bolsa pone que son cinco kilos. Y va a misa. Detrás se almacenan las cajas vacías, los sacos y algunos aperos. Prácticamente trasplantados desde cualquier casa de campo, cuando se abría el postigo.

Para los habitantes del lugar, la Alquería de Bandera fue un espacio emblemático, allá cuando los alrededores de Campanar eran todo campo de labor. Un apellido secular.

Ramón Doménech, agricultor de Campanar:

“Cuando hicieron Nou Campanar nos la expropiaron y nos dieron cuatro perras.”

“Ahí fueron los ricos. En la Guerra Civil a mi abuelo se le llevaron los cerdos que tenía. Por arriba y por abajo. Ahora, el negocio familiar está exhausto por los precios.”

“¿Cómo puedo vivir a quince céntimos el kilo que es lo que daba el comerciante? Vale más salir a recogerlo y pagar los jornales.”

“Asegura que se encontraba en una tesitura complicada porque esta patata de verano hay que despacharla. Si no, se echa a perder. A la de invierno no le pasa eso.”

“Finalmente recogió varios miles de kilos 'entre la familia' y han ido cayendo a tres euros por cinco kilos.”

“Que eso son 60 céntimos. Imagínate si hubiese sido a 15, como me la compraban. Y están aquí porque las hemos recogido entre mis sobrinos y yo.”
Las redes sociales hicieron lo demás. Mientras habla, se acerca una clienta que lo reconoce.

La clienta:

“Yo me he enterado por internet.”
Le da la bolsa de cinco kilos.

Ramón Doménech:

“Si no son cinco kilos, siempre será un poco más». Ramón saca cuentas y asegura que «es que hace cincuenta años se pagaba más por la misma cantidad de patata.”

“Antes se sacaba dinero, pero ahora ya a poco que te bajen los precios, ni vale la pena. Por eso he tractorado la cebolla.”
El colectivo Taula per la Partida, que reúne a colectivos y particulares de la zona para visibilizar las prácticas de los labradores (la última oferta es de tomates, sandías y melones en Poble Nou).

Ramón Doménech:

“Aquí lanzaron su particular grito de socorro criticando que la patata se quedaba en la huerta porque los grandes supermercados han traído el producto de Nueva Zelanda o Suráfrica.”

“Sea de donde sea, la persiana de Campanar los vende de mucho más cerca: De unos campos que tenemos junto a la Policía Local.”
En el Molí del Sol, al ladito mismo del Parque de Cabecera.

El Consell Agrari Municipal, la Asociación de Vecinos de Campanar... prácticamente no quedó ningún colectivo que no secundara la acción. Y la patata ha ido saliendo de la persiana de la planta baja de la finca de la ciudad.

A todo esto, la patata en cuestión 'es buena para todo. para freir, para el hervido... sale buena siempre'
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