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Papas fortificadas prometen mejorar salud de las familias rurales

Papas fortificadas prometen mejorar salud de las familias rurales
May 11, 2018

Alicia Azorsa, agricultora de 19 años de la comunidad de Castillapata, localizada en la sierra andina del Perú, está feliz de cultivar y consumir las nutritivas papas nativas. Ella es una de los aproximadamente 140 agricultores quechuahablantes de la región Huancavelica que están cultivando y evaluando papas mejoradas con altos niveles de hierro y zinc —resultado de casi 15 años de trabajo de cruzamiento y selección de los mejoradores del Centro Internacional de la Papa (CIP)— como parte de una iniciativa para probar y seleccionar papas nutritivas para su liberación oficial en Perú como nuevas variedades.

Esas papas son el producto de un proceso que comenzó en 2004, cuando los científicos del CIP dirigidos por la Dra. Merideth Bonierbale realizaron análisis de laboratorio a aproximadamente 200 cultivares de papa nativa del Perú y de los países vecinos e identificaron 16 con altos niveles de hierro, zinc y vitamina C. Posteriormente, el mejorador de papa Walter Amorós y sus colegas comenzaron a cruzar esas 16 variedades nutritivas para producir progenies con niveles aún más altos de hierro y zinc, proceso conocido como biofortificación.

Gracias al proyecto “Biodiversidad y mejoramiento nutricional de la papa en Perú, Nepal y Bután”, financiado por la Unión Europea, el CIP y sus socios han comenzado a compartir estas papas biofortificadas con pequeños agricultores como Azorsa. En 2016, el CIP compartió tubérculos semilla de 17 clones biofortificados con el Grupo Yanapai, organización peruana sin fines de lucro, para que fueran probados por los pequeños agricultores en cuatro comunidades de la municipalidad de Yauli, Huancavelica.

Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2015, Huancavelica es la región del Perú con la tasa más alta de desnutrición en niños menores de 5 años: un tercio sufre desnutrición crónica y 40 por ciento tiene anemia. La desnutrición también es común entre las mujeres de la región en edad reproductiva. Yanapai ha complementado su promoción de papas biofortificadas con educación en nutrición, enseñando a las mujeres de la localidad cómo mejorar su dieta familiar mediante el establecimiento de huertos de hortalizas y asegurando que los niños coman suficientes alimentos de origen animal como huevos.

“Necesitamos alimentar bien a nuestros niños”, dijo Azorsa. Explicó que Luz, su hija de dos años, ya está comiendo las papas biofortificadas, y dijo que tienen buen sabor. “Nos gustan mucho estas papas porque nos protegen a nosotros y a nuestros hijos contra las enfermedades”, añadió.

Raul Ccanto, coordinador de biodiversidad y cultura de Yanapai indicó que ha sido fácil lograr que las familias del lugar siembren y coman las papas biofortificadas debido a que su sabor, textura y color son similares a las de las papas nativas que cultivan tradicionalmente. Señaló que su única preocupación es que las papas biofortificadas se vuelvan tan populares que las familias consumen la mayor parte de las cosechas sin dejar suficientes tubérculos para la siembra.

Según Gabriela Burgos, bióloga y nutricionista del CIP, las papas biofortificadas que vienen siendo cultivadas en Huancavelica tienen entre 40 y 80 por ciento más de hierro y zinc que las variedades consumidas comúnmente en esa región. Explicó que si bien las papas biofortificadas no son una panacea pueden hacer una contribución significativa a la reducción de la anemia y la desnutrición, sobre todo porque contienen altos niveles de vitamina C, lo que facilita la absorción del hierro y zinc. Subrayó que las papas biofortificadas son fruto del trabajo de un equipo multidisciplinario y un producto intermedio de un esfuerzo a largo plazo, pues los mejoradores del CIP continúan cruzándo las para desarrollar variedades con niveles aun más altos de hierro y zinc, así como con resistencia a estreses bióticos y abióticos que se están volviendo más intensos debido al cambio climático.

Mientras disfrutan los beneficios para la salud de consumir estos nutritivos tubérculos, los agricultores de Huancavelica están participando en un proceso de selección que debe concluir con el lanzamiento oficial de una o más variedades biofortificadas en el Perú, que eventualmente podrían ser consumidas por decenas de miles de familias andinas. En 2017, los agricultores seleccionaron los mejores seis clones de los 17 que sembraron en 2016 y los plantaron cuando empezaron las lluvias estacionales en noviembre del 2017. Los científicos del CIP llevaron a cabo análisis de laboratorio de estos seis clones para asegurarse de que mantenían sus niveles de zinc, hierro y antioxidantes. Cuando los agricultores participantes los cosechen a fines de mayo de 2018, se completará el proceso con la selección de uno o dos clones biofortificados que el CIP y Yanapai luego recomendarán al Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) para que sean liberados oficialmente como nuevas variedades de papa.

“Junto con las agricultoras y los agricultores, estamos trabajando para la liberación de una variedad nueva y biofortificada, porque es la única manera en la que podemos expandir el cultivo de estas papas a más comunidades”, explicó Ccanto.

Según Burgos, la selección varietal participativa es clave para garantizar que las variedades liberadas tengan las características que requieren los agricultores locales, lo cual aumenta las probabilidades de adopción. “Queremos que esto sea sostenible, que suficientes agricultores cultiven estas papas porque el proceso de desarrollarlas ha sido muy largo”, afirmó.

La experiencia con los agricultores en Huancavelica es un buen augurio para la aceptación generalizada de las papas biofortificadas. Azorsa, por ejemplo, señaló que ha sembrado siete de los clones biofortificados de papa en su chacra, y añadió: “a partir de ahora, solo voy a sembrar variedades biofortificadas”.

Su vecina Octavia Voza Castilla, de 31 años y madre de tres niños, explicó que ella y su esposo están cultivando todas las 17 variedades biofortificadas que el CIP entregó en 2016, así como 30 variedades de papa nativa que siempre han sembrado. Ella también siembra lechuga, cebollas, zanahorias y otras hortalizas en su patio trasero.

Estoy muy feliz de poder alimentar a mis hijos con estas papas biofortificadas”, enfatizó. “Mis hijos solían enfermarse con frecuencia, pero ahora no se enferman tanto como antes y han subido de peso”.

Burgos informa que el CIP ha compartido algunos clones biofortificados de papa con sus socios en Etiopía, Ruanda y Kenia, donde están siendo seleccionados de forma participativa por agricultores de las tierras altas de esos países. Mientras tanto, Amorós y sus colegas han cruzado papas nativas biofortificadas con poblaciones avanzadas de papa del programa de mejoramiento del CIP con el fin de producir papas biofortificadas con mejores rendimientos, mayor adaptación, resistencia al tizón tardío y otras enfermedades además de otros rasgos deseables. En febrero de este año, el CIP y el INIA firmaron un convenio de cooperación para colaborar en ensayos de campo y la selección de candidatas para nuevas variedades de este segundo grupo de papas biofortificadas.

“Somos pioneros en la biofortificación de papa”, expresó Amorós. “Hemos logrado bastante, pero necesitamos continuar aumentando los niveles de micronutrientes y otras características deseables en esas papas”. Explicó que dos o tres ciclos de selección deben ser suficientes para dar como resultado variedades mejoradas de papa con niveles óptimos de hierro y zinc.

Burgos dijo que se siente orgullosa de ser miembro del equipo que ha llevado la biofortificación de la papa hasta este punto, pasando de un esfuerzo puramente científico a uno que está comenzando a beneficiar a los pobladores de las áreas rurales con altos niveles de desnutrición.

“El simple hecho de pensar en que estas papas pueden ayudar a muchas mujeres y muchos niños a mejorar su nutrición y tener una mejor calidad de vida me hace feliz”, concluyó.

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The International Potato Center or Centro Internacional de la Papa (also known by its Spanish acronym, CIP) seeks to reduce poverty and achieve food security on a sustained basis in developing countries.